Short Stories in Spanish


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“Colores Invisibles”

Imagina por un momento que eres capaz de dejar tu cuerpo. Una sensación de felicidad te llena de paz al mismo tiempo que la parte no material de tu ser sale de su coraza. Suavemente asciendes tres metros en el aire. Miras hacia abajo y te ves en la cama tumbada plácidamente. Te sientes libre, tu entusiasmo te lleva a descubrir lo que nunca hubieras soñado…

A los 15 años todo tipo de sentimientos se exponen a un máximo de plenitud y agudeza. Deseos y pasiones te azotan desplazándote  incontrolablemente a fuerza de huracán.  Ese era mi caso. Sufría de un tremendo y prematuro amor. Envuelta en una poderosa devoción, a veces no podía ni respirar con normalidad. Me encontraba sumergida en deseo grueso y sólido. Mi espíritu se revelaba contra mi cuerpo. Entonces comencé a soñar. Sueños extraños de otros mundos, sueños que parecían más reales que la vida en sí. Sueños que me acompañaron en el camino hacia el centro de la existencia. Lo más primitivo de mi ser dio riendas sueltas a mi imaginación y sin importarme el destino que me esperaba, volé. Mi cuerpo  se transformó en sensaciones. Se abrieron las puertas de un reino lleno de colores, antes, invisibles para mi.

Todo empezó una de aquellas tardes en las que pasaba el rato suspirando por Rei, mi primer amor platónico. Mi pasa tiempo favorito era imaginar que estaba con él: “Rei me acariciaba con ternura, cada centímetro de mi piel se estremecía con el paso de sus dedos. Sus ojos dulces y golosos arrasaban mi cuerpo con deseo.  Nos envolvíamos en sábanas de pasión”  y entonces  !sucedió¡ Estaba flotando en el aire fuera de mi cuerpo… Inmediatamente desee estar con la persona más importante de mi vida, en menos de un segundo atravesé un túnel de luz hasta encontrarme cara a cara con ella… Era idéntica a mi.

Físicamente era yo. La única diferencia era que ella desprendía una luz intensa y calurosa. Su forma de moverse, sus gestos, su voz, todo en ella se semejaba a mí. Sin embargo, ella tenía un toque de gracia sutil que nunca había notado en nadie. Sus ojos brillantes, llenos de ternura y su sonrisa plácida y sincera hicieron que me sintiera segura. De pronto, algo así como el “aire de la eternidad” me envolvía, impregnándome con una deliciosa fragancia que tocaba todos mis sentidos. Un rayo fugaz cruzó mi mente dejándome con la sensación de que todo era perfecto en mi vida. Observé como millones de destellos de luz nos rodeaban a las dos. Entences, mientras que mi ‘doble’ me miraba fijamente a los ojos, paralizada, con una expresión inundada de emoción, oí una voz dentro de me, ella habló por primera vez: La Princesa Encantada, ese era su nombre. Me contó que cuando yo nací ella estaba destinada a vivir dentro de mi hasta mi muerte. La Princesa era un alma tan antigua como el mismo universo. Su misión era ayudarme a recordar. Me hablaría siempre que estuviera dispuesta a escucharla  (de eso se trataba el encantamiento); Ella ponía a mi disposición una fuente inagotable de sabiduría, fuerza y amor, a la que yo accedería cada vez que de verdad lo deseara: “Conozco el mundo y entiendo la evolución del alma humana” me dijo. “Lo sé todo, desde el principio del tiempo hasta su fin. He vivido en todos los mundos y en todas las épocas. Conozco la verdad de los seres”. La Princesa Encantada era pura esencia divina, luz de creación. Me llevó a su morada. Un templo de cristal llamado “lila”. Me dijo que ese era mi templo  “lila”, por ser el lila mi color favorito. Todos eran tonos lilas y violetas. El espacio era redondo y se hacia grande o pequeño según lo deseado. Alrededor del templo adornaban  pequeñas  fuentes con aguas cristalinas que fluían  de figuras de mármol, ángeles que se movían y sonreían cuando les mirábamos. Sonaba una dulce melodía que intensificaba mis sentidos dejándolos libres y desnudos. En el centro, un precioso trono de terciopelo violeta que relucía lleno de piedras de amatista y cuarzo rosa incrustadas en los bordes. “Siéntate en tu trono”,  me pidió La Princesa. Al hacerlo, ella también se sentó, atravesándome penetró en mi. Me sentí una con ella, completa e iluminada.  Presente, pasado y futuro, La Princesa lo sabía todo sobre mi. Tenía la respuesta a todas mis preguntas.  Ella siempre estaría conmigo, nunca me abandonaría, siempre me apoyaría, siempre me querría, siempre me ayudaría, siempre me guiaría y acompañaría.  Me dijo que su amor, era el amor más grande poseído y por poseer. Pasara lo que pasara, mi “Yo” superior me enseñaría a ver con los ojos del alma siempre que lo deseara.

No recuerdo nada en absoluto del año 1989 aparte de mis sueños y de mi ferviente obsesión por ese chico moreno de piel oscura, ojos verdes, cejas gruesas y mirada profunda. Sus ojos me atravesaba como un rayo cada vez que me atrevía a mirarle. El rayo dejaba tras de sí un placentero dolor, siempre amortiguado por la sonrisa dulce y juguetona que le seguía. Rei veía a través de mi. Me veía desnuda con mi alma a su merced. En décimas de segundo, yo imaginaba como nuestros cuerpos astrales ascendían en el aire y se unía en éxtasis celestial. Siempre creí que es posible alcanzar la unión con el universo y sentir el latido de la creación vibrar en ti, cuando se unen tu alma y la de tu amado en la otra dimensión, en le reino astral. Al tropezar en los pasillos del instituto, en el patio, en la cafetería, o en la biblioteca, Rei y yo hablábamos instintivamente con el corazón. Me parecía insólito el hecho de que todos nuestros encuentros fueran siempre inesperados o repentinos. Muchas tardes, después de clase, me iba al parque que estaba al lado del instituto y me sentaba bajo la sombra de un árbol. Antes de darme cuenta yacía en las profundidades de lo que yo creía un sueño. Una de aquellas tardes, tumbada con los ojos abiertos, vi y sentí un chorro de luz bañarme, me cubría de una extraña y misteriosa alegría, y de un innato sentimiento de libertad. Me levanté, no era consciente de que dejaba mi cuerpo atrás.  La luz se presentaba ante mi en la forma de una puerta que me invitaba a salir del mundo.   Deseé con fuerza atravesar esa puerta. Enseguida, mi cuerpo astral se deslizó hacia abajo a través del  centro de la tierra, llevándome a un lugar desconocido. Estaba oscuro. Una bola verde y luminosa del tamaño de una canica se plantó a unos centímetros de mi nariz. Fijé la vista en ella y observé como la dirección de sus movimientos era exactamente opuesta a la de los míos. Traté de cogerla, pero la bola era veloz. Luego paró unos instantes y acto seguido comenzó a alejarse. La perseguí, mi cuerpo astral se desplazaba a la velocidad de la luz en medio de un paisaje que semejaba a montañas color bronce, tan altas que llegaban hasta un cielo naranja rojizo. Llegamos a un lugar parecido a un valle, en él, el aíre era visible, de color verde bosque.  Lo que podía ser tanto el suelo como el cielo era verde  esmeralda. Miles de diminutas florecillas cubrían el espacio entre suelo y cielo . Estás cambiaban de color a mi paso, luciendo todos los tonos de todos los colores posibles e imaginables así como los imposibles y los inimaginables. En el centro, suspendido en el aire, ocupaba gran parte del espacio un pedazo gigantesco de cuarzo blanco. El cristal tenía infinitas caras, con muchas formas, y numerosos ángulos. El lugar lucía resplandeciente, la luz provenía del cuarzo. Oí vocecitas y susurros, deseé saber quienes eran. Poco a poco, extraños seres se materializaban ante mi. Pronto me encontraba rodeada de docenas de ellos. Eran altos, muy alargados y delgados, se estiraban como el chicle en todas las direcciones mientras se movían, sus cuerpos cambiaban de forma constantemente. Algunos se lanzaban contra el cristal, y para mi sorpresa se sumergían en el y desaparecían, como si de agua se tratase. Aún siendo el cuarzo sólido y frío al tacto, no dude en tirarme contra el.  Era capaz de ser, estar o hacer lo que quisiera con solo desearlo. Me desplacé en una inmensa variedad de aguas hasta llegar al océano Atlántico. Flote sobre el durante unos minutos y luego volví al parque del instituto.

Entré en mi cuerpo y cuando abrí los ojos allí estaba Rei. De pie, delante de mí. No podía ver su cara con claridad, el sol me deslumbraba. Me tendió una mano para ayudarme a levantar. Me quedé mirándole fijamente con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba segura de que las palabras no eran necesarias porque podíamos comunicarnos telepáticamente.

Estabas profundamente dormida._ Me dijo.

Si?!_ fingí no haberme dado cuenta.

Tengo un favor que pedirte._ Continuó.

Lo que sea amor mío._. Pensé._¿Que?  Dije.

Quiero comprarle un regalo a Susana. Le voy a pedir  que salga conmigo. ¿Me ayudas a elegirlo? Galanteó pícaro._

Me quedé muda y tiesa durante unos eternos segundos. Luego tanto para mi sorpresa como para la suya, !grité¡ un fuerte y rotundo !no¡. Me pareció escupir el corazón con la negación. Inmediatamente me alejé de su lado con rapidez, arrepintiéndome con cada paso que daba. Sentía un frio helado que me subía lentamente de pies a cabeza a causa de la soberana vergüenza que me daba mi extraño comportamiento, Me pasé las siguientes dos semanas sin ir a clase. Llamaba al instituto cada dos días fingiendo ser mi madre, para decir que estaba enferma. Cada mañana salía de casa con la toalla y el bikini en la mochila de los libros. Me marchaba a la playa. Me tumbaba en la arena imaginando que era el cuerpo de Rei. Dejaba que los rayos de sol me acariciaran como si fuesen las manos de Rei. Escuchaba el sonido del mar pensando que eran sus susurros de amor.

La noche de mi reaparición en el instituto había un concierto de rock. Yo había decidido que esa noche sería mi noche. Durante el día  me compré un vestido de lo más sexy. La parte de abajo apenas me cubría las nalgas. Y la parte de arriba mostraba orgullosa, mis redondos y carnosos senos casi en su totalidad. Cuando llegué a casa, a la hora de comer, después de ir a la playa y de compras, estaba tan emocionada por la noche que me esperaba, que ni siquiera note las caras de enfadados  que tenían mis padres. Me senté a la mesa, sumergida en mis pensamientos. ¿Que tal las clases, Sylvia?_ La voz de mi padre sonó desde un mundo lejano. Muy bien_. Conteste yo, sin abandonar mi mundo.

_¡¿Como que bien?!_ El grito de mi madre, me arrancó de golpe de mis sueños. Sus palabras tomaron la forma de disparos de ametralladora, granadas y bombas. No me molesté en escucharla, tan solo intentaba huir, o levantar la bandera blanca… hasta que… detecte las palabras :”Estas castigada sin salir indefinidamente”. Esas palabras cayeron sobre mi como un meteorito que me partió la cabeza en briznas. Les supliqué que me dejasen salir esa  noche. Lloré y rogué como nunca, pero no me hicieron ni caso. Aún así no me di por vencida. Al caer la noche les di las buenas noches como quien se va a dormir calmada y dócil. Luego me vestí, me arreglé, coloqué almohadas bajo mi manta, y salí sigilosamente por la puerta de mi casa. Mientras me alejaba, me burlé de mis padres por su ignorancia.  Al llegar al instituto me sentí un tanto incómoda. Todos me miraban como a un show.  Nada más entrar en la sala de actos vi a Rei. El me miró de arriba a abajo desde el otro lado del recinto y comenzó a acercarse.  Algo se encendió dentro de mi. La emoción me hacía cosquillas por todo el cuerpo. Durante un momento me pasó lo mismo que a Julieta cuando vio por primera vez a Romeo: El mundo entero desapareció, y  en el espacio solo existíamos Rei y yo. Entonces supe que Rei sería mío. Mientras se acercaba cerré los ojos, dándome la enhorabuena por haber conseguido mi sueño. Antes de abrir los ojos noté como una mano firme y fuerte me agarraba el brazo con fuerza y me giraba en dirección contraria. Nunca había visto a mi padre tan soberanamente furioso. Mi madre me plantó un bofetón cuyo sonido oyeron en la China. Y como no fue suficiente para ella, pues me agarró del pelo y tiró de mi por todo el instituto hasta el coche.

No recuerdo nada más de esa noche en el mundo real. Lloré y lloré hasta quedarme dormida. Desperté con lágrimas en los ojos en un cuarto oscuro, sentada en un taburete. A unos metros pude distinguir la silueta de una mujer apoyada en la pared.  Tras notar su presencia observé como la mujer se acercaba hacía mi. Su caminar era pausado y elegante, muy femenino.

_¿Que te pasa?, ¿por que lloras?_ Preguntó.

Estoy enamorada_. Conteste, confusa en aquella situación.

¿Y que vas a hacer?_. Inquirió.

Quiero morirme_. Anuncié.

La mujer comenzó a andar lentamente en torno a mi, me miraba como si tuviera el poder de analizar mis pensamientos.

¿Como puedes decir eso?_ La mujer preguntó con cierto tono de indignación, como si mi muerte la afectara a ella directamente. _No es posible que pienses así_. Hablaba casi susurrando y entre dientes. _Tu, precisamente tu. Es imposible… no me lo creo_. Ahora parecía hablar sola, estaba profundamente decepcionada.  _No puede ser_ . Suspiró.

Lo siento mucho, señora_ Dije yo, sin saber como reaccionar.

Rápidamente la mujer salió de la habitación, indicándome que la siguiese. Su casa era increíblemente bella, de hecho, se parecía mucho a la casa  que yo deseaba tener algún día.  Atravesamos un salón amplio con muebles de cristal y adornos de piedra. A mi alrededor no faltaba ni un detalle. Los intensos colores y la deliciosa fragancia de  flores y plantas añadían divinidad al ambiente.

La mujer era muy hermosa, aparentaba unos 35 años, pero intuí que era mayor. Era amistosa y divertida. Pasamos una enorme cristalera que daba a una piscina. Nos sirvió una copa de champagne, brindó a nuestra salud y tras tomar un sorbo se quito la bata de seda lila que llevaba, dejando a la vista un cuerpo alucinante y perfecto en bikini. Llevaba puesto un colgante precioso, una  fina y brillante cadena de plata de la que pendía un corazón de cuarzo rosa. Acto seguido se tiró a la piscina.

Mi hija tiene tu edad. Anoche me dijo lo mismo que tu. Que quería morirse. Por eso te he llamado, quiero que me ayudes a entenderla. Se me ha olvidado lo que es estar hundida en la desesperación, triste y con dolor. Sentirse sola o decepcionada. No lo recuerdo. Si te soy sincera, me alegra verte así, aunque no lo recuerdo_ La mujer hablaba como si me conociera de toda la vida._ Algún día se te olvidaran  las cosas que te hacen llorar. Pero dime, ¿que es lo que te hace luchar? ¿Como eres capaz de salir del pozo de la desesperación? _

Disculpe, no la entiendo._ Anuncié.  

La mujer hablaba en presente, pasado y futuro, mezclándolo todo como si no fuese muy entendida en gramática.  De repente me sentí muy confundida, mi anfitriona estaba loca, pero me encantaba.  Era imposible entender el  porque una mujer así me pedía ayuda a mi. Tan imposible como asombroso.  Ella era todo lo que yo deseaba ser, a parte de sus fallos gramaticales. Que maravillosas las sorpresas de la vida o de los sueños… sin darme cuenta, me sumergía en un sueño dentro de un sueño. ¿Quien era esa mujer? Y si necesitaba mi ayuda, yo era extraordinaria. Porque ella era extraordinaria.

Dime de una vez que es lo que te impulsa para lograr tus sueños_. Ahora gritó desde la piscina. _

Creer_. Conteste. _Cuando crees,  ves lo bonito de la vida, y ves el camino hacía tus sueños. Cuando no crees se marchita temporalmente la esencia de tu espíritu. Cuando dejas de creer no ves lo bueno en ti y te pierdes en el abismo de la existencia. Cuando crees el sol brilla a tu paso. Tu verdadero ser te guía en el camino. Tu corazón reconoce tu destino. Tu destino son tus sueños, tus deseos te pertenecen._ 

Las palabras fluyeron de mi directamente exportadas desde las profundidades de mi alma. La Princesa Encantada hablaba sin dejarme pensar. _Creo en mi, creo en mis sueños, creo en mi destino_  Declaró La Princesa Encantada.  

Con los primeros rayos de sol mamá me acarició. Mi cuerpo astral volvió al físico y me desperté. Mamá me sonrío y yo a ella. _Sigues castigada pero como  consuelo te he traído algo_. Me dio un beso y me puso en la mano una cajita de regalo, se levantó de mi lado y salió de mi cuarto. Abrí la cajita casi sin interés, fastidiada por haber sido despertada y alejada  de la extraordinaria mujer. Me asombré al ver que la cajita contenía un colgante de cuarzo rosa cristalino en forma de corazón que colgaba de una fina y brillante cadena de plata. Era idéntico al de… aquella mujer. Entonces comprendí que aquella mujer era !yo! Era yo en el futuro. Y supe que la vida es un sueño real.

FIN

AQUELLA MUJER

Yo era tan solo una niña. Dieciséis años recién cumplidos. En aquel tiempo, en mi juventud, se hablaba mucho de una mujer que hacía años había llegado al pueblo. Vivía  en la casita del Valle Blanco. Llamado así por estar cubierto por un frondoso manto de florecillas blancas durante todas las épocas del año. La casa estaba situada al lado de una colina.

“La Sin Nombre”

.

Era una mujer hermosa que rondaba los 40 años de edad. Por lo que se sabía, vivía sola, y no se la veía mucho por el pueblo, sino en el mercado; cada quince días, o una vez al mes. Me resultaba muy extraño el hecho de que cada vez que oía hablar de ella había un brillo casi deslumbrante en la expresión del que hablaba de la mujer. Decían que era un ser distinto, especial. Todos aquellos que la vieron cara a cara compartían un especie de afán infinito. Una misteriosa alegría. Decían de ella, que con una mirada, la mujer, les regalaba el sol. Que con una sonrisa les concedía una vida más. Decían que sentían que era como si, esa mujer, fuese una fuente inagotable de amor y ternura. Cosas tales, como que aquel que se cruzó con su mirada, jamás la olvidó. Sin embargo no se sabía nada de ella. De donde era, a que se dedicaba, ni su nombre si quiera. Al parecer nunca le había dirigido una palabra a un ser vivo. Al menos, no desde que llegó al pueblo.

Fue mi prima Janely, una vez, que llegó a mi casa, salió al jardín, se me acercó al columpio donde, al ritmo del caer de la tarde,  yo me mecía y dijo:

_ La vi_.

Tan solo me susurró al oído. Pero sus ojos parecían salírseles de la cara como los corchos de dos botellas de espumante a punto de saltar y volar al cielo. Casi, escuché su corazón palpitar, pero no como un corazón, sino como un volcán apunto de hacer erupción. Por algún motivo por unos segundos sentí ira. Pues yo nunca la había visto. Oí hablar de ella muchas veces. En el mercado, en la playa, en la tienda de la esquina y hasta en casa de mi abuela, cuando se reunían todos los viejos a jugar a las cartas.


_ ¿Está en el pueblo?_ Le pregunté a mi prima.

_No, ya se fue _ Contestó. _ Voy a decirle a Javi que le quiero._  Janely anunció sin más y marchó.  Javier y ella se amaban desde hacía siglos, pero no se atrevían a hablarse el uno a la  otra y ni siquiera a mirarse. Entonces sí, no se si por envidia o por curiosidad, una fuerza más grande que yo me empujó a caminar hacia el Valle Blanco, allí donde esta La Sin Nombre. Caminando hacía  allí, el alma se me llenó de ansia. El corazón se me encogió. Jamás recorrí un camino tan largo de  tan solo diez minutos. Bajé por la colina y allí la vi. Virada hacia el norte y con los brazos alzados al aire. Aún de espaldas a mi, sentí que me esperaba. Aquella mujer, murmuraba palabras indescifrables. Me quedé paralizada con lo que veían mis ojos y con lo que oían mis oídos. Pero no era yo la única. Parecía que el mundo entero hubiera pausado para escucharla. Ni pájaros, ni viento, ni insectos. Nada se movía. Sin poder dar un paso para cruzar los cien metros que nos separaban, aguardé.

A pesar de la distancia era capaz de escuchar sus murmuro como si me susurrara al oído.  Pudo ser una infinidad o un décimo de segundo. Perdí la noción del tiempo. Aquella mujer se viró hacía mi y en un instante, no se como, estaba cara a cara frente a mi. Aquella mujer, hundió su mirada en mis ojos. De pronto sentí tanto miedo, que aún recordándolo ahora, 70 años después, se me hace un nudo en la garganta, aún hoy recordando ese momento, el corazón se me quiere salir por la boca. Una oleada de sentimientos, que nunca antes conocí, me azotó como si fuesen una furiosa tempestad en el bosque. Mi cuerpo entero se inundo de lágrimas. El alma se me salió. Creí verme flotar en el lago que se formaba lágrima tras lágrima. La mujer tomó mis manos y preguntó:

_¿Quieres ver?_  No conteste.

_ Mira con los ojos del alma. Sonríe con el corazón. Y entonces verás_ Dijo.

Volvió a echar los brazos al cielo y cuando alcé la mirada vi mil destellos de luz parpadeantes que crecían y formaban  figuras luminosas. Escuché una melodía divina o celestial, imposible de describir, definir o interpretar. Por lo menos no con palabras en la lengua que conozco. Pronto distinguí así como un millar de ángeles o seres de luz. Los seres rebosaban de alegría y aplaudían. En seguida se transformaron en uno solo, y ese uno en Luz. Una luz potente que me bañó como si de una cascada de manantial se tratase. Entonces sentí la pura esencia de mi ser. Sentí amor.  Sentí como mi esencia, pura e inagotable salía de mi y cubría el mundo entero. Entonces supe que el antes o el después  no importaban.  Supe que mi vida perpetuaría para siempre en ese momento infinito de mi.

FIN

2 thoughts on “Short Stories in Spanish

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